Soy la persona que ha cometido un acto de autoliberación, un acto tan intransigente que parece un delito. He renunciado a ser la adulta funcional que dictamina la sociedad. A mis casi 37 años soy una mujer con casa, marido, trabajo y mentalmente operativa (?); no obstante, pese al camino trazado, me he convertido en una mujer que se niega a tener hijos, mascota o algo parecido con quien compartir o dedicarle mi tiempo. Salvo plantas que no tengo remordimiento de dejar morir si no me apetece cuidarlas adecuadamente. Y por si fuera poco como muestra de mi liberación provocada, he decidido no trabajar por un periodo largo. He experimentado lo que es no hacer nada, simplemente eso NADA. Y he sido feliz, mucho.
Me lo he mantenido casi en secreto, hasta ahora que lo escribo, solo para experimentar cumplir con el deseo de dejarlo como testimonio, y de una suerte de recordatorio que la vida esta para disfrutarla, que todo es transitorio. Para bien o para mal los días pasan rápido y no quiero desperdiciarlos más. Cada año que pasa en mi vida me es innegable pensar en el día que ya no este en la faz de esta tierra, o el día en el que mi compañero de vida no este a mi lado, o el día en el que las personas que más quiero no existan físicamente. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Por qué continuo con tanta desazón transitando por el camino que sé que no es el que me llena? Quisiera permitirme equivocarme tanto y dejar de transitar por un camino de cristal, esperando a no hacer ruido para quebrarlo. Entonces, me pregunto, ¿por qué no dar pisoteos fuertes? ¿por qué no saltar y saltar hasta romper el piso? Tal vez, luego de caerme y golpearme encuentre la forma de levantarme, y eso sea lo que realmente valga la pena.