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sábado, 30 de julio de 2016

Novedades del 2016

Hace mucho que no escribo por aquí. Esta vez no quiero pasar la oportunidad de dejar estas líneas, a pesar que tengo una fila de cosas por hacer. Siento que estoy viviendo la época más ocupada de mi vida y por alguna extraña razón me siento bien. 

Tengo pendiente terminar un informe que me persigue desde hace días, leer para el diplomado, lavar ropa, limpiar, escribir sobre los últimos viajes que he realizado, crear contenido para Nací en Do, editar fotos, bajar música, nivelarme con el gimnasio, y le he adicionado 3 libros más por leer a mi vida. Entre otras cosas, atender a mis perros, pasar tiempo con mi familia, mejorar las relaciones con mis amigos, superarme a mi misma y pensar en la eternidad del mosquito jajaja.

Esta etapa de mi vida me toca vivirla así. Es más yo escogí y sigo escogiendo cómo serán mis días. Escojo reírme o renegar, escojo intentar estar bien o optar por hacer gris mis días. No voy a negar que hay momentos en los que me quiero tumbar, no verle la cara a nadie, mandar al carajo a la gente y hacer lo que se me de la gana. No hay perfección en esta vida, Entiendo que yo no soy dueña de la gente, no puedo pretender jugar a ser Dios y querer que las personas actúen como a mi mejor me parezca. Lo único de lo que tengo control es sobre mi misma. Así que procuro estar en paz conmigo misma y que las cosas no me afecten demasiado. 

Busco alegría, luz, mejora. Lo busco y quiero tener eso en mi vida. Ese es mi deseo personal. Y también soy consciente que cada uno ve por lo que mejor le parezca. No estoy en esta vida para que las personas actúen como yo, sino para aceptarlas y amarlas como son. 

***

Tengo dos perros traviesos. 

jueves, 13 de agosto de 2015

Liz en mi vida



Siempre me han gustado los perros. Creo que es una afinidad que heredé de mi papá. Desde muy chiquita tuve perros y perras (lamentablemente suena mal esa palabrita), hasta el 2008 ó 2009 - si no me falla la memoria- fue cuando de manera sorpresiva mi papá mando a "dormir" a nuestros dos queridos perros, argumentando que no tenía tiempo para limpiar sus heces ni hacerse cargo de las enormes raciones que demandaban diariamente. Reforzó las puertas con más chapas, compró los mejores candados y nos mandó a callar a todos diciéndonos que nadie se dignaba a limpiar el techo, salvo él. 

De hecho no sentí mucho la ausencia de mis perros, puesto que en esa época estaba en varias cosas. Por las mañanas estudiaba inglés, luego trabajé una temporada en un centro cultural, otras veces iba a casa a hacer mi tarea de inglés o las de la universidad. Por la noche iba a clases hasta muy tarde, y así transcurrían mis días.

Nuevamente llego a un punto que se me hace difícil explicar. Bien, lo intentaré. En esos años, los estudios eran mi vida: el inglés me encantaba (y me sigue encantando) y me había enganchado con la universidad. A parte de eso, no tenía mucho. O al menos eso era lo que yo creía. De cierta forma me refugié en las notas y en el academicismo para paliar algunos vacios en mi vida. A la vez estaba pasando por un periodo de depresión que era producto de varios factores que en ese momento no me resultaban claros.
 

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