domingo, 21 de septiembre de 2014

Lo estable


Recuerdo la escena en la película "12 years slave" cuando Salomón, el protagonista principal, le dice a uno de los esclavos: I don't wanna survive. I wanna live. Y recuerdo también que me quedé con esa frase en la mente por varios días. Iba y venía del trabajo, y todos los días mientras veía por la ventana del carro pensaba mucho en las ganas que tenía por entregarme a algo que realmente me gustase. 

No todo el mundo tiene la suerte de dedicarse a algo que le gusta. Lo ideal sería que sí. Sí, claro, nosotros somos los arquitectos de nuestro propio destino y bla bla bla. Suena a cliché. Parece muy bonito cuando se lee. Trato de ser sincera. Me sentía muy confundida acerca de lo que quería ser o hacer en esta vida. A veces hay señales que dejamos pasar por alto debido a la bendita estabilidad. Hay que ir por lo seguro, me decía un señor que trabajaba conmigo. Tenemos tanto miedo a la inestabilidad. ¿Ya conseguiste algo? ¿Ya avanzaste? ¿Ya?

Siempre creí que la batalla más dura es la que tengo conmigo misma. Al final la decisión está en mis manos y a veces me pasa que viene con carga. Han sido tantos años que he cargado un peso que no me pertenece. Tanto tiempo que he dedicado a saldar cuentas de varias generaciones que se han reposado en mis días. Y en esta época he comenzado a despercudirme. Ha sido una decisión que nació desde mi interior. Es un proceso incierto. No sé si algún día podré decir que estaré "curada". Creo que no hay pastillas mágicas para las emociones. He aceptado y sigo aceptando que no soy un robot y que no soy un ser perfecto. 

Al final del día, muchas veces, pienso que el hecho de vivir intensamente mis experiencias y reflexionar sobre mis días me acercan cada vez más a mi misma. Y por ende me ayuda a aceptar a las personas como son. Me siento bien así. 


jueves, 21 de agosto de 2014

La transparencia del ser: a propósito de Contarlo Todo

"Quizás se trate simplemente de eso, de que he aprendido finalmente que la cosa es hacer y no juzgarme. Eso es. De vencerme escribiendo. Y basta."
Contarlo Todo-Jeremías Gamboa.


Escribir es un acción que nace por alguna necesidad. Cada escritor tiene una historia que  contar y comunicar. ¿Existirían escritores si no existieran lectores? Probablemente solo existirían personas que escriben. ¿Qué entendemos por ser un escritor de oficio? ¿Cómo llega una persona a ser y/o sentirse escritor? 

El proceso de escribir nunca acaba. Pienso que como seres humanos siempre estamos en constante variación. Yo comencé escribiendo cosas abstractas sobre mi percepción de la realidad, luego fui entremezclándolo con algo parecido a la poesía y empecé a crear relatos acerca de las personas que iba conociendo. En algún momento escribí algunas crónicas, reflexiones, en fin , variedades. Y hasta que finalmente me presenté "al natural". Aún así, hay cosas que guardo para mi misma. 

Me pasó que mientras iba leyendo el libro de Jeremías Gamboa, creí que todo en realidad había pasado. El libro cumplió su papel. Contó una historia bien contada y me abrió una interrogante: ¿cuánto estoy dispuesta a revelar acerca de mi? 

sábado, 16 de agosto de 2014

Another Anthony

Este relato lo escribí hace casi 4 años, inspirado en algunas vivencias de mis últimos días en las clases de inglés en el ICPNA.

Jueves, 23 de diciembre de 2010
Another Anthony.
                                  
No pensaba en nada más que en sentirme relajada en clases, tanto como solía estarlo, o hasta más. Al principio todo es chévere. Si pudiera mantener esa estabilidad del primer día todo sería mejor. Pero nada es perfecto, y esta demás decir que las cosas no se acomodan a lo que uno quiere, sino que uno debe acomodarse a como están las cosas.

El último mes estuvo más chévere, porque me cambie de horario. No sé por qué, pero me gustan las cosas nuevas. Siento que la rutina no es para mí. El punto es que estuve interesándome por levantarme más temprano y por tratar de no molestarme por estupideces. Y claro por no desaparecer tan seguidamente. En esas que conocí a Anthony.
Era un día que yo había llegado tarde a clases y me senté en una esquina pensando que sería la última en llegar, pero al cabo de 5 minutos llegó él, y se sentó a mi lado y junto a Geraldo, quien también llegó tarde. Entonces pensé: uff hay peores. Escuché a Anthony decir que se había levantado recién y no sabía si venir a clases o no, y yo me reí y él también. Así fue que nos empezamos a preguntar cosas habituales de la clase. Al cabo de un par de días hablábamos más en clase, porque teníamos que pensar en los ejercicios de inglés. No sé cómo, pero terminábamos riéndonos de las cosas que inventábamos. Era la primera vez en tanto tiempo que me sentía cómoda con un chico. Sin importar las tonterías en las que yo pensaba. Que alguien me pregunte cosas y que espere una respuesta satisfactoria era algo que tuve que hacer casi a la fuerza. Sentía como una mano agarraba mi cara y la volteaba para notar que alguien más estaba hablándome.
Y ahora que recuerdo esos días, veo a Anthony hacer un wave con la mano de nuevo y decir: Hasta Pronto. Así fue, por un par de días quedé algo pasmada acerca de por qué me sentí atraída, a pesar de que otro patín de inicial E. había intentado saber mucho más de mí. ¿Será porque Anthony era como el Wes Bentley de la clase de inglés, pero con su celular Sony Ericsson verde con negro? Quizás.

domingo, 20 de julio de 2014

Bendito Puré


Recuerdo la primera vez que cociné de verdad. Esa vez en donde no me ayudaron a hacer el aderezo ni me dejaron una lista para hacer las compras, sino la vez en la que estaba realmente sola con las ollas, fue cuando decidí hacer un puré de papas.
El puré estaba saliendo chévere, hasta que en esas decidí no agarrar el cucharón o cuchara para echar la sal,  agarré el pote de sal y lo vertí sobre el puré, según yo calculando la cantidad. El resultado: la sal se escurrió del pote y en vez de salir un poquitín, salió un montonón. Metí el dedo en el puré y la cosa tenía sabor a sal, casi no se sentía el sabor a puré. Era sal pura.  ¿Qué hago? ¿Más papa? ¿Más leche? Más agua pues sonsa!!!
Creo que aumenté un litro de agua a ese bendito puré, además de medio tarro de leche y un par de papas sancochadas y aplastadas, y ni así el sabor a salado bajaba....y el puré ya no era puré, era jugo de papa.....qué desastre. Ya fue pues.
Me quedé dormida por un rato, me levanté y lavé los platos, limpié la cocina, y me dio hambre. Abrí la olla y oh sorpresa el puré volvió a ser puré, metí el dedo y el sabor a salado se había balanceado. Bendito puré. Bendita cocina. 
 

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