sábado, 6 de diciembre de 2025

Diario de una empleada pública

 30/09/2025

Hoy es el último día de setiembre. Ya falta muy poco para que se acabe este año. Me siento agotada, como si quisiera dormir por largas horas. También he vuelto a sentirme algo desolada y en cierta parte con la idea que mi vida se reduce a ser un hámster dando vueltas sobre una rueda. 

Me cuesta leer, me disperso muy rápido y creo que le empiezo a sentir cierto desazón a las cosas del día a día. Me siento algo confusa, ya no quiero hacer más de lo que me "corresponde". Es como si ya estuviera cansada de lo mismo y de vivir para otros. El curso de la política también influye en mi desazón por el trabajo en el estado. 

Siento que necesito calmarme, no buscar tanto, no hacer tanto, solo el ruido necesario para hacerme notar. A veces me siento mal por no ser capaz por pedir un aumento, de no atreverme a manifestar que percibo poco y muy por debajo de lo que el mercado ofrece. Siento que no confío en las personas, pero ¿qué tan importante es confiar?

Y pienso, es solo un trabajo, son solo piezas. Estoy tan angustiada que muchas veces no quiero pensar en lo que me sucede, simplemente quiero dejar que las cosas continúen así. Me veo conflictuada porque no sé si es que voy a seguir en esto de por vida y si seguiré sosteniendo esta inconformidad. Sé que nadie hablará por mi, sé que nadie se dará cuenta que no estoy conforme, nadie me dará nada si no lo pido o lo reclamo. 

Por ratos pienso que necesito ser más conchuda, y me siento mal por no presionarme. A veces reniego de mi pasividad, de cómo la vida me pone en situaciones donde tengo que hacerme notar. Es tan difícil lidiar con este sentimiento de querer algo y a la vez no quererlo. Solo porque las normas sociales lo exigen. 

Sinceramente, no me siento feliz trabajando en oficina, es algo que no va conmigo y cada vez que pienso en lo que me aguarda en los próximos 10 o 15 años, siento como si mi vida fuese efímera y se me escapara de las manos. Siento que me pierdo en medio de los deberes, el cumplimiento y en la productividad. 

Me siento conflictuada, como si este fuera un karma que me persigue, que me ata de las manos. He experimentado el tiempo libre a voluntad propia y me he maravillado con lo que es vivir a partir de una decisión valiente. 

Me cuesta aceptar que no soy la persona considerada exitosa y que gana el jugoso sueldo para acumular cosas. Me cuesta aceptar que por más que me esfuerce siempre seré como esa hormiga trabajadora que tiene que caerle bien a la persona indicada. Es terminal tener que vender el tiempo por unas cuantas monedas y aceptar que las oportunidades en nuestro país implican eso. Que todo sea jodidamente estresante, que el tráfico, la distancia, el transporte o lo caro que está todo. 

miércoles, 28 de mayo de 2025

Una vida tranquila

Soy una persona de aspiraciones simples. Eso fue lo que le dije a C. una noche cuando preparábamos algo que comer, luego de nuestras respectivas jornadas laborales. Así surgió mi filosofía de vida de estos tiempos. Es increíble como un cambio en la forma de pensar puede aligerar tantas cargas. 

Posiblemente sea porque he estado leyendo libros de autoayuda o tal vez porque he tenido el tiempo suficiente a solas para sentarme y cuestionarme seriamente sobre quién soy y qué me gusta o probablemente se deba a que estoy siguiendo con más interés los temas astrológicos cayendo en la cuenta que existen temporadas de signos zodiacales, planetas que ingresan, salen y lunas nuevas.

Sea como fuese, mis aspiraciones se sujetan a vivir una vida tranquila, sin apuros y sin ser tan dura conmigo misma.


Que una pregunta tan sencilla como ¿quién soy? y ¿qué me gusta? no pueda ser respondida es revelador. No hace mucho que me lo cuestioné y creí que lo tenia resuelto, no obstante no supe qué decir. Es así que, en los finales de mis 30, vuelvo a cuestionarme qué es lo que realmente quiero. Por momentos me cuesta aceptar que solo el trabajo o mi oficio me defina como persona. Y es muy difícil presentarme sin tener que anteponer lo que estudié o a lo que me dedico. ¿Y si no me dedico a nada? ¿Y  si solo voy por la vida sin una ocupación fija mas que autoconocerme? ¿Y si el proceso de autoconocimiento nunca acaba? ¿Y si cuando pienso que ya me conocí lo suficiente de pronto cambio de intereses?


Hoy desde la apacibilidad de mi hogar, desde el espacio que construí de acuerdo a lo que un día fue un sueño, un anhelo, desde el privilegio de tener el tiempo para pensar ciertas cosas que me ayuden a vivir más conscientemente, desde este ejercicio seguro que es la escritura, la cual me hace sentir una emoción profunda y genuina capaz de hacerme detener todo y retomar la ilusión por las jornadas de desahogo y expresión. Tal vez así sea, y por más que haya estado buscando fuera para entender lo valioso que siempre he tenido aquí cerca, dentro y que había olvidado de valorar, porque esta soy yo, siempre he sido yo. Desde la primera vez que decidí escribir aquí e ir en búsqueda de mi identidad a través de los escritos de este blog, como un testimonio de lo vivido para recordar que valió la pena.


lunes, 3 de febrero de 2025

Viviendo el ahora

Soy la persona que ha cometido un acto de autoliberación, un acto tan intransigente que parece un delito. He renunciado a ser la adulta funcional que dictamina la sociedad. A mis casi 37 años soy una mujer con casa, marido, trabajo y mentalmente operativa (?); no obstante, pese al camino trazado, me he convertido en una mujer que se niega a tener hijos, mascota o algo parecido con quien compartir o dedicarle mi tiempo. Salvo plantas que no tengo remordimiento de dejar morir si no me apetece cuidarlas adecuadamente. Y por si fuera poco como muestra de mi liberación provocada, he decidido no trabajar por un periodo largo. He experimentado lo que es no hacer nada, simplemente eso NADA. Y he sido feliz, mucho. 

Me lo he mantenido casi en secreto, hasta ahora que lo escribo, solo para experimentar cumplir con el deseo de dejarlo como testimonio, y de una suerte de recordatorio que la vida esta para disfrutarla, que todo es transitorio. Para bien o para mal los días pasan rápido y no quiero desperdiciarlos más. Cada año que pasa en mi vida me es innegable pensar en el día que ya no este en la faz de esta tierra, o el día en el que mi compañero de vida no este a mi lado, o el día en el que las personas que más quiero no existan físicamente. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Por qué continuo con tanta desazón transitando por el camino que sé que no es el que me llena? Quisiera permitirme equivocarme tanto y dejar de transitar por un camino de cristal, esperando a no hacer ruido para quebrarlo. Entonces, me pregunto, ¿por qué no dar pisoteos fuertes? ¿por qué no saltar y saltar hasta romper el piso? Tal vez, luego de caerme y golpearme encuentre la forma de levantarme, y eso sea lo que realmente valga la pena. 


 

 

Template by Blogger Candy